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El Suflé de queso, una receta fácil y deliciosa

El suflé ha sido desde hace años uno de los platos más reclamados en los restaurantes de Europa, teniendo su gran momento durante la Belle Époque. Además, tienen la genialidad de adaptarse a cualquier momento, ya que pueden tomarse salados, los cuales se sirven como entrantes, como dulces, para servirlos de postres.

Esta rica receta tiene su origen en Francia durante el reinado de Luis XIV. Concretamente, se trata de una creación de Louis de Bechamiel, mayordomo del rey, a quien se le atribuye el descubrimiento de la Bechamel, la cual recibió el nombre en su honor.

La bechamel es el requisito indispensable para realizar el suflé, que significa ‘souffler’ o ‘soplar’, es decir, el proceso de crecimiento de la bechamel con el huevo batido en el horno y que acaba dilatándose hasta alcanzar el doble de su volumen inicial, dando lugar al conocido suflé.

¿Pero cómo se prepara un suflé de queso? No os preocupéis, aquí os dejamos una receta sencilla con todos los pasos para conseguir un auténtico suflé de queso en casa.

En primer lugar, hay que preparar una bechamel bastante ligera (20 gramos de mantequilla, 20 gr. de harina por 250 cc. de leche), la cual se debe dejar reposar para que baje la temperatura y añadir 70 gramos de queso manchego rallado.

A continuación, se bate todo hasta conseguir que el queso quede totalmente mezclado con la bechamel. Una vez se haya logrado, se agregan dos yemas de huevo, cuyas claras se batirán a punto de nieve, echando la bechamel cuidadosamente, muy poco a poco.

Después, untaremos un poco de mantequilla en los recipientes que se vayan a utilizar, siempre dejando un tercio del recipiente libre, pensando en el crecimiento que va a tener el suflé en el horno.

Dicho horno deberá estar precalentado a 220ºC. hasta el momento antes de introducir nuestra receta. Momento en el que se bajara la temperatura a 180ºC y se cocerán los suflés durante 15-20 minutos.

Finalmente, y una vez haya pasado el tiempo, se debe apagar el horno y abrirlo muy lentamente para no estropear el suflé. Éste se debe consumir nada más se haya sacado del horno, ya que si se deja pasar el tiempo, se estropearía. ¡Y ahora ya sólo queda disfrutar!

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